En la antigua Granada, un rey anciano conocido como Aben Habuz vivía rodeado de riquezas acumuladas a lo largo de su vida como valiente guerrero. Sin embargo, los años habían apaciguado su sed de conquista, y su mayor preocupación ahora era proteger sus tesoros de las constantes amenazas de los jóvenes guerreros cristianos. Un día, llegó al reino un sabio árabe llamado Ibrahim, procedente de Egipto. Se decía que este hombre poseía conocimientos profundos de las ciencias, incluyendo el secreto de la vida eterna, gracias a un mítico "libro de la sabiduría" que, según la leyenda, había sido entregado a Adán al salir del paraíso. Ibrahim ofreció al rey un ingenioso artefacto que le permitiría prever cualquier ataque enemigo. El sabio creó un tablero de ajedrez mágico donde un pequeño jinete con lanza apuntaba hacia la dirección de un ejército enemigo. En el tablero, las piezas reproducían con exactitud las formaciones y movimientos del adversario. Ibrahim explicó que si el rey ...
En la antigua Ciudad de México, cuando era la joya del Virreinato de Nueva España, se contaba la historia de un caballero desdichado, que ha pasado de generación en generación. Era conocido como El Armado y su historia ha perdurado en la memoria colectiva y en las calles de la ciudad. La leyenda ubica al caballero, español, a principios del siglo XVI, recorriendo con su armadura los caminos entre su hogar y el Convento de San Francisco. Pero lo que llamaba la atención no era la rutina de su peregrinaje, ni siquiera lo pesado de la armadura que llevaba a diario, sino los gemidos y los suspiros que escapaban de su yelmo, como un alma en pena que arrastra el peso de su propia condena. Al llegar, se arrodillaba El Armado ante la capilla del Señor de Burgos, suplicando con sollozos un perdón que le parecía inalcanzable. Cada día repetía su ritual, que duraba hasta altas horas de la noche, pasando de convento en convento, ante la mirada desconcertada de los habitantes de la...